lunes, 3 de abril de 2017

CINCO MINUTOS


Después de darle muchas vueltas he pensado que antes de seguir escribiendo sobre "bichos" lo justo es que os presente al mio.

Mi bicho es algo así como una visita que toca el timbre de casa cuando tú estás a punto de salir. Llega sin haber avisado antes; cuando abres la puerta te empuja para pasar, va hasta el salón y se sienta en tu sofá. Tú, por educación, le preguntas si necesita algo porque ibas a salir en ese momento y tienes una cita muy importante a la que no quieres llegar tarde.

La visita te mira sorprendida como queriéndote decir que si hay algo más importante en ese momento que escucharla a ella. Le preguntas si no puede dejar la conversación para otro momento que, de verdad, tienes que salir y le dices que cuando vuelvas la llamas y habláis tranquilamente. "Cinco minutos, en serio, no te voy a entretener más de cinco minutos, escúchame y en cinco minutos me voy", dice. Los cinco minutos se convierten en veinte. Cabreada, miras el reloj y te das cuenta de que ya es tarde para acudir a tu cita y que esa visita se te va a hacer eterna.

Pues así, de esa manera, una situación que estoy segura que muchos de vosotros habéis vivido en alguna ocasión, fue como el bicho entró en mi vida. Lo hizo en el momento menos adecuado (no creo que haya ninguno que lo sea) cuando había decidido dar un giro a mi vida: trabajo nuevo, país nuevo, idioma nuevo y mil novedades que esperaba descubrir. ¡Y tanto que se lo di!, fue ese el momento en el que el bicho llamó a mi puerta y todavía no he conseguido que se levante del sofá.

Lo llamo "El Bicho" porque soy incapaz de recordar su nombre, "Gliomatosis Cerebri", y me resulta más fácil la otra expresión. El bicho, además de un nombre difícil y una imagen difusa, tiene una carácter más que complicado y un fondo malvado. Nuestra convivencia desde que se adueñó de mi sofá es un tira y afloja, una lucha constante en la que ningún día puedo bajar la guardia porque sé que cuando menos lo espere me pondrá la zancadilla. Aunque ya me he acostumbrado a su presencia, no dejo de soñar que un día se levantará y me dirá que mi sofá ya no es lo cómodo que era y que se va a su casa.

Sí, ya sé que muchas personas habrán reconocido a mi bicho porque otros seres de su especie con el mismo o distinto nombre también han llamado a su puerta y se han adueño de sus sofás. Para todas ellas va dedicado este blog, porque las personas valientes merecen que nos acordemos de ellas todos los días.


foto: gcregistry.com

                                                       

                                                        

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